EL DÍA 7 DE FEBRERO DE 2018, SE PRESENTÓ VIDA DE CONCEPCION ARENAL, DE MARÍA LUISA MAILLARD, BIOGRAFÍA Nº 36 DE LA COLECCIÓN DE BIOGRAFÍAS DE MUJERES RELEVANTES DE EILA EDITORES, QUE PUBLICA EN COLABORACIÓN CON LA ASOCIACIÓN MATRITENSE DE MUJERES UNIVERSITARIAS (AMMU). EL ACTO TUVO LUGAR EN EL SALÓN DE LA DELEGACIÓN DE LA XUNTA EN MADRID/CASA DE GALICIA.

HUBO UNA GRAN AFLUENCIA DE PÚBLICO QUE LLENÓ EL SALÓN DE ACTOS Y HUBO QUE HABILITAR EL VESTÍBULO DE ENTRADA PARA QUE EL PÚBLICO QUE NO PUDO ENTRAR, PUDIESE SEGUIR EL ACTO A TRAVÉS DE UNA PANTALLA.

Intervinieron en el acto José Ramón Ónega, director de la Casa, la exministra y abogada, Cristina Alberdi, prologuista del libro, y la autora María Luisa Maillard. Cerró el acto de presentación José Manuel Romay Becaría, Presidente del Consejo de Estado. A continuación se dió paso a un diálogo dramatizado entre Juana de Vega y Concepción Arenal. Ambas mujeres se habían conocido en la Coruña, donde Arenal ejerció como Visitadora de Cárceles de Mujeres y habían compartido ideas y proyectos humanitarios.

Actuaron: Natalia Velasco como Concepción Arenal; María Luisa Maillard como Juana de Vega; Paco Aparisi como Salustiano Olózoga; y Susi Trillo como la criada Celestina.

Al finalizar se ofreció una copa de vino gallego y se produjo una animada tertulia en la que la figura de Concepción Arenal cobró vida propia. La insigne gallega no sólo fue una pionera en la defensa de los derechos de las mujeres y de un sistema penitenciario humanitario y correccionalista en una España en la que todavía había grilletes y ajusticiamientos en la plaza pública; sino que supo vislumbrar, desde una clara inteligencia, todos los problemas que debía afrontar un estado moderno en formación, como era el español del siglo XIX: el lugar que el estado debía ocupar en la atención a los más necesitados, una vez que las sucesivas desamortizaciones de Godoy y Mendizábal, habían conducido al cierre de hospitales, hospicios y centros asistenciales, regidos por la Iglesia; el problema social de la desigualdad excesiva y la aparición de los primeros movimientos marxistas y revolucionarios; la necesidad de un Derecho de Gentes que obligase a todos los países civilizados. Una frase quedó flotando en el aire: "Odia al delito y compadece al delincuente".